Por qué hacer malabares? Hay mucho prejuicio sobre esta actividad. Algunos te tildaran de vago, de fumanchero o de volado… Hacer malabares es divertido y además de aumentar los reflejos y la coordinación, te enseña una filosofía de vida: aprender a fallar. Las clavas/pelotas se te van a caer miiiiiles de veces, y una vez más, y una vez más, y una vez más. Pero al ver la indeseable caída del objeto al suelo, tenes dos opciones, o frustrarte y ponerte mal; o aceptarlo y volver a intentarlo.
Alguna vez probaste con fallar a propósito? Parece fácil pero no lo es. Estamos acostumbrados a querer hacer las cosas bien, cada día mejor, a hacerlas perfectas. Aunque el perfeccionismo es una total ilusión, lo ansiamos y nos esforzamos por alcanzarlo. La sociedad te juzga por el error, te lo marca como si fuera algo malo, y finalmente nosotros lo vemos como algo a erradicar del mundo y evitarlo totalmente. Solemos asociar nuestra autoestima a los logros y al esfuerzo para conseguirlo. Si fallas, estas mal. Si no cumple con las expectativas, nos frustramos. Si lo hacemos “mal”, nos angustiamos.
Yo te propongo que aprendas a fallar, o sea, permitirse fallar en la vida. No somos seres perfectos, siempre vamos a errar en algún momento. Si lo permitimos en nosotros, cuando suceda, no va a doler.
Imagínate a lo que llegarías si te permitieras fallar, intentar hacer de nuevo eso que erraste anteriormente, y errar de nuevo y errar de nuevo, hasta que finalmente lo logras. Del fallo se aprende. El fallo es aprendizaje total. Fallaremos hasta lograrlo. El fallo te permite aprender del error y volverlo a intentar con más experiencia. Si aprendemos a tolerar la frustración y aceptar nuestros fallos, nuestra autoestima y entusiasmo aumentaría considerablemente. Solo hay que dar el primer paso y darse el gusto de fallar…
