viernes, 2 de noviembre de 2018

El espejo


 En el encuentro con el espejo, mi mirada, atonada, se confunde cuando se ve a sí misma fuera de ella. ¿Cómo es posible contemplar mi mirada si yo soy mi mirada? La mirada propia se convierte en extraña a uno cuando se auto-observa como testigo ajeno. ¿Cómo saber si el reflejo soy yo o es un perverso e impecable imitador mímico? ¿Cómo saber si cuando desvío la vista no me está observando? ¿Cómo confiar en él si me está burlando todo el tiempo? Si yo levanto el brazo derecho, él levanta el izquierdo. Si él refleja lo que soy y yo no confío en él, ¿quiere decir que no estoy confiando en mí? ¿Cómo saber si él desaparece cuando yo me retiro de su presencia? ¿Yo lo invoco cuando paso por el espejo, o él me invoca cuando él pasa por el espejo?
 Puedo asegurar que él no está cuando no hay una luz que lo refleje. Y cuando la oscuridad parece ganar la batalla pero queda algo de luz, puedo observar en el espejo un tenue reflejo, que no reconozco como propio…