No puedo discernir
Si la luz me quema
o me ilumina
Si la oscuridad me ciega
o me disuelve en el todo
Solo puedo hacerme cargo
y descargo
de lo que ya viví
Suelto el pesado pasado
y abrazo la incertidumbre del futuro
¿Tanto libre albedrío tendré si en realidad
no elegí mi nombre
ni elegí la forma de mis pies?
Tampoco elegí mis dolores
ni elegí cruzarme con ciertas personas
Solo sé que hay algo que me guía
Que escapa de las cabezas más racionales y escépticas
Simplemente observa
y escucha esa voz interior
Tu mente le tendrá miedo
Pero tu esencia no
Confía
Mi mujer me llamó temprano, me dijo que hoy estaba de franco.
No la noté muy contenta, me mencionó que la visitó andres, como todos los meses, y que estaba solo con
tres lucas encima.
Yo también le comenté qué onda mi vida. En la mañana, sol acabó en la oscuridad con luz y me liberó de las fantasías oníricas, despertando también a mi flor más bella. Violeta y celeste
cubrían todo mi cuerpo con sus sábanas. Me dolía la cadera, pero remedios no
estaba, solo tenía el placer de estar con dolores.
Al final no entendí muy bien que estábamos contándonos. Si expresábamos
nuestra cotidianeidad o estábamos confesándonos nuestras lujuriosas infidelidades.
A veces soy la exageración en carne viva, pero ¿no es acaso inevitable
cuando lo sentís? ¿Forma parte de la realidad esa intensidad momentánea, esa
que te hace dudar de hasta los huesos que te sostienen? ¿Ese sentimiento
pasajero es solo una grieta innecesaria en el camino o es parte imprescindible
del mismo? Capaz es un llamado a vos mismo, ese que te hace dar cuenta de que
estas vivo, que estás aquí y ahora y no en ese mundo de ideas que te creaste
solo para sobrevivir. Aunque corras con los ojos cerrados hacia la luz, siempre
va a estar esa sombra que te persigue. Te pide que la veas, que la integres, te
quiere hacer saber que no es mala ni dañina, que también es parte de vos. Una vez
que sos uno con la sombra, dejas de perseguir la luz, porque te convertís en
luz. Y miras para atrás y no vas a ver más a tu perseguidor. Porque la luz en sí
no tiene sombra.
El fin se asoma, pero no asombra. Desganado y triste, pude
entender. Siempre fue la genialidad que salía de tus labios, esa que encantaba
y enceguecía. Eso también fue parte del proceso e inevitable para trascenderlo.
Tarde, pero pude entender. Entendí que eras un charco disfrazado de
laguna. Esa laguna que creías profundizar era solo un charco que buscaba ser
mas grande. Cuando yo te daba luz, la negabas. Nunca te diste cuenta de que eras
un charco, por eso rechazabas mi calor, por miedo a desaparecer en el vapor. Tarde,
pero pude entender. Entendí que no puedo ayudar a crecer a alguien si la misma
no está dispuesta, aunque veas ahí posibilidades, aunque sepas que es lo que le
pasa y no ve. No puedo obligar a nadie a ver su oscuridad. Duele, pero en el
fondo siempre hay luz. Es parte de mí, enfrentar la oscuridad. En el fondo sé que sos
laguna, pero hay que descongelarla. Tenes que darte cuenta de que no sos un charco
disfrazado.
No existe un debería en el compartir, uno tiende a ser de una
manera, no todo se puede medir con palabras cuando estas sumergido en el agua.
Perdón,
y gracias.

Los truenos y los rayos se adentran en ese sutil espacio
entre la cornisa y la brisa. Asustan a todos con su irreprochable sonido. Mi mirada
queda atónita ante semejante resplandor, que ilumina mis laberintos más imposibles,
esos que son oscuros y permanecen así hasta después de reiteradas fregadas,
haciendo dudar de nuestra llamada “utilidad”. Confuso y relajado me dejo arrastrar.
¿Cuál es el miedo si sentís todo en orden, aunque realmente no lo esté? Solo
cuentan las tripas, la imaginación es el hermano menor. El espacio es estrecho
y no tiene techo, es infinito y único. Esa prestigiosa unicidad la convierte en
el bienestar de la más solemne duda. Mi cabeza no piensa y mi corazón no
siente. Mi sexo no disfruta y mi cuerpo enferma. Estancado en ese espacio, tan
misterioso y oculto, el tiempo no existe. Yo tampoco existo, pero no soy el tiempo.
Soy el que soy, no más que eso, pero tampoco menos. Solo Dios es Logos. Vivimos
de diálogos y eso nos separa. Seamos uno, abracemos y unamos la dualidad. No
puede ser dual si alguien lo observa. Soy el que observa. Soy.